Hace muchíiiiisimos años, tantos que entonces yo era joven, conocí un chico muy especial. Salimos un par de veces, tomamos unas copas, hablamos, en fín, esas cosas. Me propuso quedar para estudiar. ¿Para estudiar? En aquel entonces, no quiero imaginar ahora, que un tío quisiera quedar para estudiar era más raro que las naranjas en la mar.
Quedamos para estudiar. Lugar neutral, para que no fuera yo a pensar que había gato encerrado. La biblioteca del Ateneo. Lugar neutral, pero impresionante. Saca un walkman, se pone los cascos, se pone a estudiar. Me pongo los cascos y al estudio yo también. Al cabo de un par de horas, salimos a tomar el aire, y le pregunto por la música que estaba oyendo. Saca la cinta y me la pasa.
La primera pieza era esta.
Me casé con él. ¿Qué otra cosa hubiera podido hacer?




