miércoles, 6 de abril de 2011

Cavatina de Myers

Hace muchíiiiisimos años, tantos que entonces yo era joven, conocí un chico muy especial. Salimos un par de veces, tomamos unas copas, hablamos, en fín, esas cosas. Me propuso quedar para estudiar. ¿Para estudiar? En aquel entonces, no quiero imaginar ahora, que un tío quisiera quedar para estudiar era más raro que las naranjas en la mar.
Quedamos para estudiar. Lugar neutral, para que no fuera yo a pensar que había gato encerrado. La biblioteca del Ateneo. Lugar neutral, pero impresionante. Saca un walkman, se pone los cascos, se pone a estudiar. Me pongo los cascos y al estudio yo también. Al cabo de un par de horas, salimos a tomar el aire, y le pregunto por la música que estaba oyendo. Saca la cinta y me la pasa.
La primera pieza era esta.



Me casé con él. ¿Qué otra cosa hubiera podido hacer?

martes, 5 de abril de 2011

La Virgen de la Ermita


En cuanto pude, fui a ver a la Virgen de la Ermita de Molinoviejo. Para el que no la conozca, diré que los bancos de la ermita quedan bastante bajos, de forma que cuando te sientas, la Virgen te mira desde arriba. Y la expresión serena que se ve en la foto, quizá por algún truco de la luz, o del ángulo, o de la conciencia, se transforma en una expresión totalmente maternal: la mismita cara que ponía mi madre cuando nos pillaba in fraganti haciendo alguna. En aquel momento, no me hubiera extrañado oírle decir:
- Y ahora, ¿qué has hecho?
Y, en un mero reflejo medular, sin el concurso de la mente consciente, a punto estuve de contestar:
- Pero si yo no he sido...
Pero claro que he sido yo. Tampoco había allí nadie más...
Y mientras tanto, el Niño, imagino que será a causa de la misma luz, del susodicho ángulo, o de lo empañado de los ojos, parece que te tiende la mano derecha, y se le esboza en la cara una sonrisa, como si te dijera:
- Ven, ven a jugar conmigo. Mira: tengo un pajarito.
Pero ahora no puedo ir. Estoy castigada...

Gracias a Vila por el feedback

Lenguaje mudo (II): Tristeza

lunes, 4 de abril de 2011

Molinoviejo



Con los años me he dado cuenta de que la memoria es traicionera. Los recuerdos de las cosas y los lugares que conocí muy joven no corresponden a la realidad. En ocasiones, como cuando volví recientemente a mi colegio, me pareció todo pequeñísimo. En otros casos, las casas envejecen, los árboles se mustian y las playas son más tristes y más feas.
Probablemente, en mis recuerdos idealizo las cosas a las que tengo cariño.
He pasado el fin de semana en Molinoviejo, haciendo un repaso a fondo. Iba con cierto miedo a lo que me iba a encontrar. Recordaba uno de los sitios más bonitos que he conocido nunca, y temía llevarme otra decepción.
En los más de 25 años transcurridos desde que estuve allí por última vez, han cambiado cosas. No sabría decir cuántas. Sólo sé que sigue siendo hermoso hasta dejarte sin aliento. Los pinos han tenido tiempo de hacerse más altos. El arroyo canta mejor. El oratorio nuevo es espectacular. El retablo se merece al menos 20 filas de bancos más, pero es la única pega que se le puede poner.
En cuanto a la Virgen de la Ermita, hablaré de ella en otra ocasión.
Como no se me permite decir que el sacerdote ha estado por encima de la categoría del escenario, no lo diré.
Si que citaré una estadística: únicamente el 4.8% de una muestra aleatoria sabe qué significa "aculao en tablas".
Por supuesto, y aunque esto sea una cosa menor, se sigue comiendo de cine.
No he conseguido ver ardillas este año. Tendré que volver al año que viene.
¿Alguien se apunta?

domingo, 3 de abril de 2011

La de los paseítos

Mientras he estado fuera, al parecer la señorita se ha dedicado a vociferar de madrugada: Okey, Makey!!
No sé quién le enseñará esas cosas y dónde encontrar un psicoanalista de bebés. Esto debe ser algún trauma de la primera infancia....

La educación moderna by Quino