Marco se deslizó entre las piernas de los curiosos que bordeaban el camino hacia el Gólgota. Al llegar a la primera fila, se sentó en el suelo. No tuvo que esperar mucho. El condenado se acercaba acarreando el pesado madero de la cruz. Marco no conseguía entenderlo. La mayoría de los reos se limitaban a tirar del leño, arrastrándolo un corto trecho, y luego se dejaban caer. La crucifixión era la más horrible tortura, la muerte más lenta y angustiosa. La posibilidad de que los legionarios forzaran al preso a llevar la cruz era remota. Si le golpeaban o le daban latigazos, se arriesgaban a matarlo, privando al populacho de su "diversión" y acortando los sufrimientos del condenado. No era un buen resultado para nadie. Por tanto, los militares se cuidaban de poner en peligro antes de tiempo la vida de los presos. Solían buscar ayuda para cargar con el peso hasta lo alto del monte.
Este hombre, sin embargo, se esforzaba de verdad, como si de ello dependiera algo. Abrazaba el madero casi con ternura, los ojos entrecerrados, la boca apretada con determinación, los músculos tensos. Al pasar junto a Marco, le miró de reojo y pareció acariciarlo con los ojos. Era la tercera vez que Marco se adelantaba para esperarle junto al camino. Y la tercera vez que Jesús le miraba.
Cuando la espalda de Jesús empezó a alejarse, Marco se escabulló otra vez entre los mirones, para volver a adelantarse por el camino. Y esperar de nuevo aquella mirada, que le hacía tanto bien.
Historia de una ida y una vuelta, y la puñalada trapera que sucedió entre medias
viernes, 3 de abril de 2015
martes, 23 de diciembre de 2014
Viajando
María esté embarazada. Embarazadísima. Debería estar preparando su casa para el nacimiento de su Hijo, descansando con los pies en alto y dejándose cuidar. Sin embargo, viaja en el crudo invierno hasta la ciudad de David, en la que debe nacer Jesús.
En los últimos días, el peso del Niño se ha desplazado hacia abajo, y la obliga a caminar echando su cuerpo hacia atrás, como un contrapeso. Los riñones le duelen de la postura. La tripa le tira por debajo. Cuando se sube a la mula para descansar la espalda, los tobillos se le hinchan. Duerme mal por las noches, porque tumbada le cuesta respirar. Oscuros semicírculos intentan ocultar, sin conseguirlo, la luz de sus negros ojos. No pierde la sonrisa, porque la alegría que la inunda es imposible de contener. A pesar de la fatiga, de las molestias, del cansancio.
La cara de José es un poema cuando mira a su esposa. En su expresión se mezcla el orgullo con la preocupación y un punto de incertidumbre. La hora de María está cerca. No sabe si encontrará partera en Belén o donde se encuentren en ese momento. El parto es un momento muy peligroso. Muchas mujeres mueren. Muchos niños. Este viaje no puede ser bueno para ella. Sin embargo, pone cara de "todo va bien" para no preocupar a María.
Ella lee en la cara de su esposo como en un libro abierto, pero disimula. Le quiere tanto... Qué bueno es el Señor, que le ha regalado un hombre como este. Tierno, atento, cariñoso. Trabajador, responsable. Con un puntito gamberro que hace que nunca falte la risa en casa.
Ambos se miran, se sonríen y siguen adelante, sin palabras. No hacen falta
martes, 25 de noviembre de 2014
Otra canción de Amor
You see through right to the heart of me
You break down my walls with the strength of your love
I never knew love like I've known it with you
Descanse en paz...
viernes, 14 de noviembre de 2014
Los viejos rockeros no mueren, se transforman
Para Mar y las niñas
The line "Our names they mean nothing..." was originally "My name it is Joseph, this is Mary my wife/And this is our young son who is our dear life".
martes, 7 de octubre de 2014
Hasta los cabellos de vuestra cabeza...
Tengo que confesar que esta mañana, antes de ir a trabajar, estaba francamente inquieta. Si digo que trabajo en la Fundación Alcorcón, no creo necesario explicar más.
Ayer salí de guardia a las diez de la mañana, y no me enteré del asunto hasta las cinco de la tarde. Esta mañana, tenía muchas dudas. ¿Ahora qué hacemos? No quitarnos los guantes para nada. No tocar a los pacientes. ¿Ni los botones del ascensor, ni el teclado del ordenador? ¿Ni las sillas? ¿Ni acercarse a la urgencia? ¿Y si te llaman a ver un paciente? ¿Y si algún trabajador del turno de mañana de la urgencia empieza con fiebre? ¿Se le aísla? ¿Se marcha de vacaciones? Es una situación que favorece el pánico, la actuación precipitada e irracional. Y la caza de brujas.
Ya hay una unanimidad, no sé si orquestada o espontánea, en que existen culpables claros y definidos. Si se leen los comentarios a los artículos de la prensa online, mucha gente tiene sugerencias sobre qué hacer con ellos. El odio que destilan esos comentarios es mucho más preocupante que el Ébola, en mi opinión.
Al enterarme ayer del pastel, me agobié mucho, pero luego recordé eso de que mis cabellos están contados, y que el Señor, que viste a los lirios y que no permite que caiga un pajarillo sin su consentimiento, me sostiene siempre. Y en eso estoy. Intentando tranquilizar a mi marido, que no creo que aprecie mucho el razonamiento de los lirios.
Ayer salí de guardia a las diez de la mañana, y no me enteré del asunto hasta las cinco de la tarde. Esta mañana, tenía muchas dudas. ¿Ahora qué hacemos? No quitarnos los guantes para nada. No tocar a los pacientes. ¿Ni los botones del ascensor, ni el teclado del ordenador? ¿Ni las sillas? ¿Ni acercarse a la urgencia? ¿Y si te llaman a ver un paciente? ¿Y si algún trabajador del turno de mañana de la urgencia empieza con fiebre? ¿Se le aísla? ¿Se marcha de vacaciones? Es una situación que favorece el pánico, la actuación precipitada e irracional. Y la caza de brujas.
Ya hay una unanimidad, no sé si orquestada o espontánea, en que existen culpables claros y definidos. Si se leen los comentarios a los artículos de la prensa online, mucha gente tiene sugerencias sobre qué hacer con ellos. El odio que destilan esos comentarios es mucho más preocupante que el Ébola, en mi opinión.
Al enterarme ayer del pastel, me agobié mucho, pero luego recordé eso de que mis cabellos están contados, y que el Señor, que viste a los lirios y que no permite que caiga un pajarillo sin su consentimiento, me sostiene siempre. Y en eso estoy. Intentando tranquilizar a mi marido, que no creo que aprecie mucho el razonamiento de los lirios.
sábado, 30 de agosto de 2014
It's all your fault...
Hace dos días una amiga me dijo que todas las canciones de amor se pueden cantar de otra manera...
Nada más ver esto me he acordado. Un beso, guapa
Nada más ver esto me he acordado. Un beso, guapa
viernes, 29 de agosto de 2014
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